La palabra asusta un poco. Parece que es algo que solo le ocurre a nuestras madres, a nuestras tías, a nuestras abuelas, pero la menopausia está ahí para visitarnos a todas las mujeres.Aunque ahora te parezca una etapa muy lejana de tu vida, tienes que saber que la menopausia suele comenzar hacia los 45 años (sí, es otra de las desventajas de cruzar la terrible barrera de los 40). En ese momento, el periodo, que había acudido cada 28 días fiel a su cita, comienza a desordenarse, vamos, que ya no es una regla, como tal, y es cada vez más corto y más escaso, hasta que unos 10 o 15 años más tarde, desaparece del todo.
Los síntomas de la menopausia no son nada agradables: sofocos, sudoración, mareos, palpitaciones, nerviosismo, depresión, insomnio, dolor en las relaciones sexuales… Pero, por suerte, no todas las mujeres los viven con la misma intensidad. Tan solo un tercio sufren con tal virulencia estas molestias que necesitan de un tratamiento que será prescrito por el médico. Luego hay otro 30% de afortunadas que casi no se entera y el resto soporta trastornos leves.
Las culpables de todo, como en tantas otras ocasiones de la vida, son las hormonas. En concreto, los estrógenos, la hormona sexual femenina, cuya producción cae en picado. Esto provoca, además, cambios en la piel y las mucosas, que pierden elasticidad y se resecan, lo que ocasiona problemas a la hora de mantener relaciones sexuales.
El cuerpo cambia y la vagina, la vulva, el útero y las glándulas mamarias se retraen. Además, otro de los efectos más significativos de la menopausia es la osteoporosis. Para combatirla, puede seguirse una dieta rica en calcio y vitamina D y practicar ejercicio.
En definitiva, la menopausia es una etapa diferente en la vida de la mujer, en la que se va el periodo… pero vienen otras cosas. Cruza los dedos para ser del grupo de elegidas que casi ni se entera: sin regla y sin molestias, ¿no parece ideal?


