Seguro que durante el embarazo te esperabas tener un bebé con piel perfecta (como en las anunciadas BB cream): sonrosadita, aterciopelada… Pero la realidad es un tanto diferente. El bebé nace arrugado, con granitos y con un color amarillo que puede sorprenderte. Se debe a la ictericia del recién nacido.
Pero, ¿qué es exactamente la ictericia del recién nacido? Durante su estancia en el vientre materno, es la placenta la que se encarga de realizar algunas de las funciones del hígado del feto. Entre ellas, descomponer la bilirrubina, una sustancia de desecho que el cuerpo tiene que eliminar por las heces y que se genera en el proceso normal de sustitución de glóbulos rojos. El bebé llega al mundo inmaduro, y su hígado no desarrolla todas las funciones a la perfección desde el principio. Así, la bilirrubina puede acumularse en su cuerpo, generando ese típico color amarillo que tinta la piel y la conjuntiva de los ojos.
Como casi todos los recién nacidos pasan por ese proceso, se habla de “ictericia fisiológica” para decir que se trata de un proceso normal. Si todo va bien, los niveles de bilirrubina se irán estabilizando en 7-15 días, y el color amarillo desaparecerá sin que haya corrido ningún riesgo la salud del bebé.
Ahora bien, hay casos en que la ictericia del recién nacido tiene niveles más preocupantes. En estas situaciones, a veces el bebé debe pasar varias horas al día bajo una lámpara de fototerapia en el hospital. También una ictericia anormalmente alta puede ser síntoma de algunos problemas, como infecciones congénitas (sífilis, rubeola), enfermedades (fibrosis quística, hepatitis…) o derivar en otras complicaciones, afortunadamente, poco frecuentes, como la sordera o el daño cerebral.
En los casos en que la ictericia del recién nacido es fisiológica, para ayudar a que la bilirrubina se descomponga antes, se aconseja alimentar con frecuencia al recién nacido para que haga muchas deposiciones y exponerlo a la luz ambiental.



